viernes, 23 de febrero de 2018

en la jungla


El reino del internet es absurdo, más que el reino de Redonda pero por ahí va la ecuación. Es una jungla dispar donde conviven los más grandes hallazgos personales con las más ridículas noticias falsas (una fotografía de Charles Bukowski joven o un artículo que afirma que la universidad de no sé dónde descubrió que el limón con carbonato es más potente que 500 quimioterapias), esas ahora tan de moda pero nombradas en inglés, por aquello de la buena reputación:  “fake news”.

Es un territorio de mala muerte que tiene sus callejones gloriosos donde puedes encontrar capítulos de esa caricatura que veías en tus inocentes años en el kindergarden, haciendo esquina con el santisísimo Youtube, con precisas instrucciones para hacer casi cualquier cosa o la canción que tanto te gustaba y de la que no sabías el nombre pero recuerdas el estribillo.

Una de las cosas más abundantes en este mundo virtual de la ciberdiversión combatesoledad son las frases. Las frases, en su mayoría ridículas, sobre amor, superación, fortaleza, amor propio y demás necesidades del solitario espécimen del siglo XXI.

Y entre estas caricaturescas máximas me llaman la atención rudimentarias sentencias que son atribuidas, por ejemplo, a Julio Cortázar. Y por dios (sí, a veces todavía lo invoco en mis dichos), que cuando yo leo esas risibles expresiones no puedo concebir que el cronopio mayor las pudiera haber dicho ni en un estado de peda descomunal.

Pero qué hacemos, estos tiempos también se caracterizan por la difusión del material –cierto o falso–  de escritores (sobre todo frases), pero no por sentarse a leerlos. Porque eso de leer es perder el tiempo en un tiempo en que la inmediatez es un valor más poderoso que el dinero. O casi.

La cosa es que yo no me creo que esto lo haya escrito Cortázar. Aunque quizá sí lo hizo, y es algo al alcance de la mayoría.


miércoles, 21 de febrero de 2018

las comas


Creía que la coma era el signo más fácil de colocar, de hecho creo que cuando uno aprende puntuación es el primer signo al que se enfrenta. Y quizá no sea el signo más fácil pero sí el más popular. Es el que vemos en todos lados, seguramente de ahí viene su lugar en la enseñanza. También es el que tantas veces se omite.

Pero la coma además de usar la función para la que fue diseñada usurpa funciones de otros signos que se quedan relegados, como el punto y olvidados por completo como el punto y seguido.

A veces cuando escribo batallo mucho más de lo que debería con este pequeño carácter. Lo escribo en un lugar de la oración pero al releer se ve totalmente fuera de lugar. Vuelvo a leer y vuelve a leerse mal, y así en cada relectura siguiente. Bueno, que lo que más me corrigió Gavrí para el libro fueron comas, y se queda uno con cara de imbécil pensando cómo es que no se dio cuenta de que la coma queda mejor donde te han dicho que donde la habías dejado tú. ¡Pues si lo he releído varias veces! Te hace pensar que a veces se movieran las malditas por puro joder.

Pareciera tan sencillo su uso cuando se explica en esas difundidas postales sobre cómo cambia una oración con y sin ella, o en aquella célebre explicación que da Cortázar. Pero no es así.

Ahora las respeto más, eso es seguro.


domingo, 18 de febrero de 2018

La soportable obsesión de las casualidades... amorosas

Parece que la musa que me ayuda a poner las palabras en orden se había ido a dar la vuelta con algún sátiro de buenas manos, porque aunque había sentido ese deseo de escribir sobre esto, no encontraba la manera de hacerlo. Éste, el que tecleo ahora, es quizá el tercer o cuarto intento por poner en palabras eso que quería decir.

Ahora, creo que podría hablar de las casualidades. Creo que es un tópico al que recurren tanto Javier Marías como Milan Kundera, autores de los libros que leí, uno tras el otro en el orden en que he nombrado a sus creadores. Los libros: Los enamoramientos y La insoportable levedad del ser.

Mientras leía otro libro que ahora no recuerdo, aunque ahorita me llega el flashazo de que quizá era Escritos de un viejo indecente, mi querida amiga Mrs. Sofía en su blog Pienso, luego escribo, mantra con el que comulgo, escribió una reseña sobre el libro del autor checo. Luego de nuestro intercambio en su blog coincidimos en lo prudente que sería que leyera el famoso libro. Le dije que lo haría, pero que antes tenía esperándome Los enamoramientos

Varias semanas después, habiendo ya leído la obra de mi admirado señor Marías y metido hasta las narices en esa levedad de los seres, me pareció demasiado afortunada la casualidad de haber leído primero Los enamoramientos y luego La insoportable levedad

Creo que precisamente cuando se habla sobre las casualidades que ha decidido ver Tomás para considerar que su encuentro con Teresa ha sido una especie de encuentro cósmico, es algo parecido a lo que dice María Dolz sobre nuestro empeño por encorsetar hechos triviales y vestirlos del brilloso traje de las casualidades para creernos que con esta nueva persona con la que hemos coincidido estamos destinados a tener algo más que un acelerado latir del corazón que desea tener a alguien a quien regalar flores en San Valentín. 

Parece que la traviesa musa o mi angelito de la guarda vinieron a guiarme las palabras, porque he tecleado algo que al menos satisface mi deseo por hablar de ambos libros en una misma entrada, que es lo que quería hacer desde un principio.


Los enamoramientos es la para mí hipnótica prosa de Marías con su primer narradora, contando la intrincada y amarosa historia donde María pasa de simple observadora a personaje secundario y quien podría cambiarla por completo. El cruce entre deseos, obsesiones, amores y amantes, suspicacias, reflexiones y muerte. Con la aparición del enigmático Ruibérriz al que los asiduos al madrileño conocemos bastante bien.

A diferencia de mi amiga Sofía, he disfrutado muchísimo del libro de Kundera, en el que muestra que la vida se asemeja a las pinturas de Sabina, con algo escondido tras lo evidente. Creo que si algo nos define como especie es lo contradictorios que somos, incluso irracionales en muchos casos aunque nos pasemos pregonando lo contrario.

Y bueno, hay hechos que se cruzan en nuestro camino y que cada uno decide si ver o no como una casualidad. 


viernes, 16 de febrero de 2018

Gritar muy fuerte


Todos estamos sedientos de amor, no podría ser de otra manera. Queremos querer a alguien que nos quiera aunque a veces con querer a alguien nos conformamos. 

El amor o lo que se supone que es el amor nos rodea a cada instante: en las canciones que suenan en la radio o en nuestros reproductores personales, en las películas que vemos en el cine, en la película pirata que compramos o en la que reproducimos también ilegalmente por internet (bueno, que esas películas sobre el fin del mundo no tienen sentido si no les enjaretan un forzado romance de almas gemelas instantáneas). 

Las frases que inundan las redes sociales también son casi todas de amor en todas sus vertientes: desamor, despecho, amor no correspondido, amor mal correspondido, supuesto amor propio; y lo más anhelado aunque quizá más falso también: amor ideal. Y su falsedad no es debido a lo que muchos atribuirían como, digamos, la utopía del amor, sino porque el grado de enamoramiento (apendejamiento) de quien postea las frases lo hace creer que la relación en la que está metido es de un amor puro y celestial, y su ser amado es perfecto en toda su imperfección.

Y si bien ese enamorado no se cansa de gritar por todo el ciberespacio lo feliz que es junto a su significant other (me gusta mucho esa expresión anglosajona), quien carece de las mieles de la reciprocidad amorosa parece no cansarse tampoco de gritar, aún más fuerte, lo feliz que es sin la necesidad de tomar la mano de nadie en ningún lugar, ni de dar ni exigir un tequiero diario junto a esas caritas que besan con un corazón saliéndoles de la boca. 

Dicen quienes se creen sabios que nunca debes dejar que los demás te vean llorar, así parece que también debe ser con el amor, que nadie sepa cuánto anhelas amar y ser amado, bueno, tener a alguien para que te acompañe a la boda de la tía que creíamos que ya no se casaría. Ahora no sabes que es mejor, ser parte de su club de solteronas o que tengan un estúpido argumento para señalar que a pesar de tu edad todavía tienes chance de no quedarte sola. Que nadie sepa lo solo que estás ni cuánto desearías encontrar una persona común que te quisiera. Sólo eso. 

Se llora en soledad y sin testigos, se anhela igual, pero se guarda con mayor fervor la secrecía. 


miércoles, 14 de febrero de 2018

armándolo, armándome



Este es el último autorretrato que he hecho y es producto de la terapia. Había tenido una idea durante una sesión, mi reflejo y un rompecabezas. Luego, meses después, un día cualquiera, salió. La verdad me ha gustado mucho. Quería una expresión sobria, ni feliz ni triste. Para las piezas usé acuarelas, pastel, lápices de color, lápiz y plumones.

lunes, 12 de febrero de 2018

el año nuevo

La verdad es que toda la avalancha de frases y buenos deseos que se expresan por el año nuevo no me entusiasman. Me encanta la celebración, pero por una cuestión de la unión de la familia y porque soy un entusiasta de las pachangas.

Pero hay que decir que las familias se van quedando incompletas porque mientras uno va creciendo éstas se van multiplicando y unas veces unos van con los suegros y otras con los papás, y toda esa problemática de querer tener a la familia reunida se complica demasiado. Sin contar a los que ya no vuelven. Y se extraña al tío Julio que aunque siempre esté con nosotros ese día tiene su propia celebración con su enorme familia (cinco hijos, como 17 nietos, un bisnieto y algunos colados).

Creo que el feliz y próspero y gran año nuevo te lo deberían desear en tu cumpleaños, que es el día en que realmente estás empezando un nuevo año de vida. El aniversario de tu aparición en el mundo, el "día del nombre" para los fans de Westeros.

Aunque es algo de lo que nunca me acuerdo cuando es cumpleaños de alguien, creo que me sentiría ridículo felicitando a alguien así: ¡Feliz año nuevo! Puedo imaginar la mirada recibida por el cumpleañero. Y bueno, como todos imaginarán, hoy comienzo un año nuevo.






jueves, 8 de febrero de 2018

Crónicas de Google+ VI



Mmmmmta. Esta mujer se está quejando otra vez –una vez más– de los acosadores virtuales. Pero si no quiere que la molesten diciéndole las cosas que les gustaría hacerle debe dejar de exhibir sus fotos. Es simple. Se lo dije una vez arriesgándome a que me respondiera alguna estupidez y me dijera que me metiera en mis asuntos. Deberías compartir tus fotos en privado, le dije, para que sólo tus amistades las puedan ver. Así te evitas a esa gente. No me respondió nada.

En alguna otra de esas rabietas afirmó que dejaría de postear fotos suyas para evitar a los cerdos, pero la abstinencia exhibicionista le duró menos de una semana, y no, tampoco cambió el destino de sus imágenes. Pero bueno, su afán exhibicionista es más grande que las molestias que le ocasionan hombres atrevidos. Cada quien sus perversiones. Escotes o likes, cada uno con lo que puede.

Es algo de todos los días esto de las chicas exhibicionistas, y he leído por ahí que es un asunto de autoestima baja, aunque yo creo que no, o no en todos los casos. Creo que una chica con baja autoestima no muestra su imagen porque ésta le avergüenza; pero pienso y sí creo que hay otras chicas en la misma situación que necesitan que cientos de desconocidos les digan lo hermosas, inteligentes, sensuales y maravillosas que son.

Es que, aunque yo no lo creía, parece ser un asunto demasiado serio esto de los seguidores, los followers. Me he dado cuenta, con algo de ingenua sorpresa, que lo es. De hecho esta misma chica, que ya no es tan chica, alguna vez publicó que otra mujer la estaba acusando de robarle los seguidores, ¿QUÉ?, me quedé boquiabierto. Es que dice que le robo los seguidores, se lamentaba la pobre mujer.

Difícil situación, porque le encanta que le digan lo guapa e inteligente que es, sólo que le molesta que el hangout no deje de fastidiar todo el día y que venga cargado con algunas fotos de penes. Gajes del oficio diría alguien.

Que sí quiere que la sigan, pero que sólo la sigan los caballeros. Como debe ser. Como dice el Chapulín: síganme los buenos.